La insoportable bloguedad del Ser

“El hombre, es el único animal para quien su propia existencia constituye un problema que tiene que resolver y del cual no puede escapar”. Erich Fromm

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Seguridad y Unión

Posted by zeptymuz352 en marzo 24, 2011

Sirva este escrito a un par de hermosas personas que hoy en día, bendicen y le dan sentido a mi vida por el simple hecho de convivir conmigo: Mayra y Valeria, o visceversa… (el orden de los factores, no alteran mi consideración por ellas)

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Seamos honestos, cuando escuchamos el par de palabras que llevan por título este post, irremediablemente pensamos en las relaciones humanas; todas y cada una de ellas.

Existen muchas y variadas: la relación entre amigos, una relación fraternal y familiar (entre padres e hijos), la relación entre lo que deseamos y lo que tenemos (material y/o espiritual), ó en una relación de pareja. (Sí, líneas arriba dije “seamos honestos”, y por tal motivo, ahondemos un poco en éstas últimas…)

Las  relaciones entre pareja y en cierta etapa “adulta” de la vida, son las que mayor énfasis cobran sentido en nuestras existencias. Esperamos encontrar a la “persona idónea” para compartir nuestra vida, esperamos que esta persona llegue  a nosotros y entregue lo mejor de sí para sentirnos seguros, esperamos que una relación funcione en base a recibir lo que se necesita para engendrar con seguridad, una unión que nos proporcione bienestar. Esperamos, siempre esperamos…

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Personalmente procuro no anteponer el uso de la palabra “mí” o “mí@”, cuando se trata de definir este tipo de realciones: “mira, te presento a mi novi@”, “él, ella, es mi novi@”, etc. La palabra “mí@” conlleva a un cierto grado de neurotismo por controlar o no aceptar que el caos gobierna este universo, y que siempre termina por hacernos creer (equivocadamente),  que somos “dueños” de algo o de alguien.

El gran problema del amor, y como bien lo diría un escritor de cuyo nombre no puedo acordarme, es que todos esperamos recibirlo, pero no hacemos nada por ofrecerlo.

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Según mi experiencia, otro punto importante para encontrar un “equilibrio” entre la segurida y la unión entre parejas, (entre lo que esperamos, deseamos, ofrecemos o pretendemos ofrecer); es la aceptación: cuando aprendemos a aceptar lo que sentimos, lo que pensamos y creemos firmemente,  eliminamos todo tipo de prejuicios que obstruyen el buen funcionamiento de esa sabia capacidad  que nos otorga la naturaleza para relacionarnos. Entonces todo se facilita y la vida termina por aligerarse.

Lo peor que puede sucedernos en esta vida, es no arriegarnos a aceptar lo que sentimos, a no decir lo que pensamos y después, a no darle rienda suelta a ese sentimiento y pensamiento que podría llevarnos a algo bueno y equilibrado.

¿Seguridad? ¿De qué tipo? ¿Quieres seguridad simple y llana? ¡Cásate con alguien adinerado! ¿Unión? La unión se construye entre dos personas que miran hacia un mismo objetivo: plenitud, confianza, libertad y bajo las mismas reglas recíprocas de entendimiento mutuo. Nadie es el objeto de nadie y nadie sirve para el fin de otro.

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¿Segurida? ¿Unión? Dos palabras simples que conllevan dentro de si mucho… ¿Lo habían pensado de esa manera?

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Soy, seré, siempre fui…

Posted by zeptymuz352 en marzo 19, 2011

“Si amas sin despertar amor, esto es, si tu amor, en cuanto amor, no produce amor recíproco, si mediante una exteriorización vital como hombre amante no te conviertes en hombre amado, tu amor es impotente; una desgracia.”

Karl Marx

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Al mundo lo gobiernan las relaciones interpersonales: te conozco, nos conocimos, nos conocemos, ¿y después? Después siempre existe un “pero”, un eterno “pero…”

“Ok, me gustas, me agradas… pero…” Siempre existe un “pero” que termina bloqueando la fluidez de dichas relaciones.

¿Qué pretendemos? ¿Qué deseamos? ¿Qué queremos? ¿Qué esperamos? Esas son la interrogantes que nos limitan y siempre nos conducen a esperar, esperar… ¡Siempre esperar!

Todo mundo espera, pero nadie se detiene un segundo a oscultarse a sí mismo para cuestionar la contraparte, o mejor dicho, lo que podemos OFRECER…

¿Qué ofrecemos? ¡Nada! Siempre esperamos “algo” a cambio de lo que suponemos dar… ¡Si!, solo suponemos dar…

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¿Cuánto vale el amor de alguien que ni siquiera se valora a sí mismo? ¿Cuánto vale el amor de alguien que pretende y supone ofrecer algo (que se traduce en nada) y siempre está a la espera de la reciprocidad?

¿Qué somos? En el fondo, solo somos un saco de piel con carne, tripas, huesos (adentro) y un chingo de cosas más para ofrecer. No nos reprimamos y tampoco, neguemos esta simplicidad de nuestra existencia…

Inútil saber lo que hay en mí.
Inmóvil, yo sólo me acepto así.
Entro en mí.
Creo en mí.
Confío en mí.
Soy simplemente lo que siempre fui.
Lo que siempre fui.
No logro, me pregunto qué soy.
Me ahogo, quiero saber, me voy.
De esa realidad
no tengo edad.
Me pierdo en la eternidad.
Ahora soy simplemente lo que siempre fui.
Lo que siempre fui.
Lo que siempre fui.
Lo que siempre fui.


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Desamor y amorío

Posted by zeptymuz352 en marzo 6, 2011

Desamor

Una de las situaciones más fáciles en este mundo, es la de “enamorarse”… ¿Qué se necesita para ello?

Un par de palabras simples y bonitas de alguien en quien creemos confiar; una dósis de mentira en esas palabras y ¡zaz!; un mucho o un poco de esas mismas palabras (y según dependiendo el caso de la persona en cuestión por auntoengañarse) para caer en la estulticia común  (por “creer”), o habitual (“por seguir creyendo”) en lo que consideramos  “real”…

“Real” es lo que tenemos, “real” es lo que necesitamos… “real” es lo que ocupamos… ¿Y luego? ¿Qué es “real”? ¡Chinga’os!

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Real, real, real… (Esa palabra la repetimos tanto, que termina por perder su significado).

Todo termina por convertirse en algo cotidiano, monótono y lo aceptamos como “verídico”, “real” (¿Otra vez? (¡!)?).
Bonito caldo de cultivo sazonado de media mamada de credulidad sumada con media mamada de mentira. Bueno, tomando en cuenta que todos, sin excepción alguna; caemos en la  misma trampa.

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Amorío

Situación idílica en la cuál  todas las personas comúnes, corrientes, afines o contrarias, caemos en la misma suspicacia por creer que sentimos algo por algo o alguien; cuando ni siquiera sabemos lo que sentimos por nosotros mismos.

No hay más…

 

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El más grande filósofo

Posted by zeptymuz352 en febrero 19, 2011

A través de la historia de la humanidad han existido unos personajes que se han convertido en inmortales por los grandes avances que han llevado acabo por resolver los más grandes enigmas de nuestra inexplicable existencia. Quienes gustamos de todo esto, no dudaríamos en comprender que la referencia a todas luces nos conduce a la filosofía y sus más grandes exponentes.

Desde los antiguos griegos (que prácticamente son por antonomasia los mejores precursores en la materia) como Tales de Mileto, considerado uno de los siete sabios clásicos, pasando por Sócrates y sus discípulos, Platón y Aristóteles; hasta otros por así decirlo, de la época “D.C.” (después de Cristo) como lo son los exponentes de la filosofía cristiana, San Agustín; o la medieval o escolástica de Santo Tomás de Aquino, para llegar a otra época más moderna y considerada contemporánea: la de los grandes pensadores tales como, René Descartes, John Locke, David Hume o el considerado más grande filósofo de la época moderna, el alemán Fiedriech Nietzche.

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La idea de este post no trata de exponer a grandes rasgos la historia de la Filosofía, creo que no terminaríamos y más bien, nos aburriríamos con tan semejantes e ingentes datos al respecto. La idea de este post es la que lleva por título: “El más grande filósofo”. ¿Quién es el mejor de ellos?

El más grande filósofo y más fácil para entender, es aquel que no pierde nunca su capacidad de asombrarse o de asombrarnos con su sapiencia. Sí, así de simple podemos razonarlo… pero ¿quién de todos los anteriormente mencionados podría llevarse semejante título? No respondan a la pregunta, aquí está la respuesta: Nin-gu-no de ellos.

El más grande filósofo habido y por haber, no vivió épocas pasadas, modernas ni futuras. Este gran filósofo vive en nuestros presentes y en nuestros alrededores. Es tan omnipresente, que parece escapar de nuestro razocinio porque no terminamos de entender su grandilocuente simplicidad que otorga sentido a nuestras vidas. No se cansa nunca (o eso nos parece), es divertido, casi nunca se molesta (cuando lo hace, es porque de una u otra manera nosotros lo provocamos), parece desdoblarse así mismo porque está en todos lados, no podemos controlarlo.

Este gran filósofo se llama “niño” (y el término es abstracto, o sea, se refiere a los dos géneros; ya sea un varón o una damita) y siempre, siempre nos maravilla con su sola presencia y más aún cuando aprende a hilvanar palabras y todavía más, cuando esas palabras las razona con el desparpajo propio de los que aún no se han envenenado por la “inteligencia” absorta, enajenada y abstraída de nosotros los adultos. ¿No lo creen? He aquí un ejemplo de ello:

¿Te has preguntado por qué los perros viven menos que las personas?

Aquí la respuesta (por un niño de 6 años).

Siendo veterinario, fui llamado para examinar a un sabueso irlandés de 10 años de edad llamado Belker. Los dueños del perro: Ron, su esposa Lisa y su pequeño Shane, estaban muy apegados a Belker, y estaban esperando un milagro.

Examiné a Belker y descubrí que estaba muriendo de cáncer. Le dije a la familia que no podríamos hacer ya nada por Belker y me ofrecí para llevar cabo el procedimiento de eutanasia en su casa.

Hicimos los arreglos necesarios, Ron y Lisa dijeron que sería buena idea que el niño de 6 años, Shane observara el suceso. Ellos sintieron que Shane podría aprender algo de la experiencia.

Al día siguiente, sentí la familiar sensación en mi garganta cuando Belker fue rodeado por la familia. Shane se veía tranquilo, acariciaba al perro por última vez y yo me preguntaba si comprendía lo que estaba pasando. En unos cuantos minutos Belker “se quedó dormido” prácticamente para ya no despertar.

El pequeño niño parecía aceptar la transición de Belker sin ninguna dificultad o confusión. Nos sentamos todos por un momento preguntándonos el por qué del lamentable hecho de que la vida de las mascotas sea más corta que la de los humanos.
Shane, que había estado escuchando atentamente, dijo: ”Yo sé por qué.”

Sorprendidos, todos volteamos a mirarlo. Lo que dijo a continuación me maravilló, nunca he escuchado una explicación mas reconfortante que esta. Este momento cambió mi forma de ver la vida. Él dijo:

”La gente viene al mundo para poder aprender cómo vivir una buena vida, cómo amar a los demás todo el tiempo y ser buenas personas, ¿verdad?”

El niño de 6 años continuó:

”Bueno, como los perros ya saben como hacer todo eso, pues no tienen que quedarse por tanto tiempo como nosotros.”

Cada quien le da sentido a su vida como puede; y el presente escrito, no pretende inculcar sentimiento alguno que haga recapacitar al respecto. Quien así lo entienda, ¡maldito sea!

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(Dedicado a mi estimada amiga Diana Elizabeth y a la alegría que le otorga el hecho de experimentar una convivencia diaria para “lidiar” con un par de hermosos críos… y lo que le espera!!).


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El mundo al revés (2da. Parte)

Posted by zeptymuz352 en enero 22, 2011

Rodolfo sale de su casa todos los días a las 6 de la mañana para correr y ejercitarse. Sus hábitos son sanos: jugo de naranja, cereal con youghurt, un huevo duro y una taza de café constituyen el desayuno que le receta su esposa en las mañanas al regresar, y que repite diariamente antes de bañarse para irse a trabajar.

Él se desempeña como montacarguista en una empresa que vende bebidas alcohólicas; cumple estríctamente con sus obligaciones y  aunque convive diariamente con esas sustancias dañinas que “envilecen el alma de los humanos” (como bien dice su suegra), en su vida se ha atrevido a tomar un trago de las mismas.

Ansía cada quincena para poder disponer del efectivo que habrán de depositarle sus patrones a una cuenta bancaria de esas denominadas de “nómina empresarial”. Cuando llega el ansiado día, retira todo su efectivo y llega a casa para llevar a su familia a comer garnachas. Él bien sabe que son dañinas para su “estilo de  vida” pero a la vez dictamina y justifica con ese viejo adagio de “una vez al año, no hace daño”… (pero no rompamos con mayores detalles, el desencanto meramente ignorante de quienes viven al día. Prosigamos con el relato).

Rodolfo es una buena persona a pesar de ser “cristiano” e ir cada 8 días a “sus pláticas” en donde lo  instruyen para ser bueno y también en donde debe pagar un diezmo de lo que con esfuerzo, e injustamente gana, tiene que “compartir”. (¡Malditas creencias religiosas hábidas de dinero!). Vive al día: mil 6oo varos quincenales solo sirven para hacer milagros y compartirlos: 160 equivalen a ese “diezmo” o 10 por ciento de sus percepciones para la “congregación”, mil pesos que le da de gasto a su mujer y solo le quedan 440 pesos. 250 para la tanda (inversión que hace para vacacionar) y el resto, 190 para pasajes que entre 15 días, dan como resultado lo siguiente: 12 pesos con 66 centavos para sobrevivir una jornana más de trabajo.

Aún así él es feliz acondicionado por la ignorancia y un grado de estudios de secundaria que no le dan más que para pensar que su vida está bien. (¡Malditos séamos todos por permitir semejante entelequia!).

Rodolfo, como ya lo he mencionado líneas arriba, es feliz, es una buena persona, es ignorante y vive al día. Hoy no lo sabe, pero lo van a despedir de su trabajo. Se ha convertido en material  prescindible por haber cumplido 10 años dentro de la empresa. Y como las culturas laborales de nuestro país dictaminan que ese tipo de personas son obsoletas por obtener una cierta antigüedad que puede “dañar” la economía de los ricachones patrones, tiene que ser despedido.

Y sí, bajo los términos tramposos que deberán de utilizarse para  convencerlo y no darle lo que le corresponde por ley… Un licenciado en derecho laboral se acerca a él, le da la noticia y al más puro estilo de un judicial o agente ministerial, lo convence (bajo amenazas) a aceptar la miseria de dinero que habrán-de-otorgarle. (¡Puta madre! Por eso odio a los abogados. ¡Malditos sean todos y sin temor a equivocarme!).

Rodolfo llega a su casa contento por 7 mil pesos en efectivo que le han dado y aceptó. Él no sabe que le correspondía (por ley, di-a-de-veras), esa misma cantidad pero multiplicada por 20…

Sigue siendo feliz porque gastará ese dinero con sus seres queridos y siempre, siempre mantendrá en su cabecita, el hecho de que podrá conseguir fácilmente otro trabajo que los saque adelante y con ayuda de dios. (¡Maldita ignorancia!)

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Mientras tanto, a más de 10 mil kilómetros de distancia (en Dublín, Irlanda, para ser más exactos), un expresidente de nuestro país que por 6 años de habernos “gobernado”, robado y asesinado (lentamente) vive como rey, se burla de nuestra desgracia y sin leer este relato, se burla también del mismo (supongamos  atinadamente) por carecer de escrúpulos…

Sucede lo siguiente (y bajo el amparo de nuestra pendejéz y leyes estultas que de antemano le han otorgado impunidad por tales delitos, asesinatos y lacrocinios):

Mañana hay elecciones para “elegir” nuevo presidente de la República y Rodolfo, está listo para salir a votar por el partido al que pertenece ese mismo expresidente que ya he mencionado. Pero él,sigue creyendo y está convencido por una promesa. Aún le sobran 4 mil 500 pesos de esa “liquidación”. Él es feliz, sigue siendo feliz…

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El mundo al revés (La 2da. mitad de la 1ra. Parte)

Posted by zeptymuz352 en enero 13, 2011

Jordi es un niño perteneciente a una familia de esos estratos social y económicamente denominados en México como “acomodados”. Su nombre, al igual que el de Cipriano, es resultado de una herencia paterna que recuerda a aquel abuelo español que llegó a nuestro país hace tres generaciones.

Jordi posee unos ojos verdes y facciones que lo hacen sobresalir de los demás niños y bajo el concepto de belleza que se nos ha impuesto en este mundo de voracidades sórdidas  que no miran más allá del valor del dinero.

Asiste a una escuela de paga de esas en donde “preparan grandes administradores” y a la vez, personas carentes de espíritu empático para atender las necesidades comunes de los entornos que habitan. Sus padres, por ignorancia (sí, también los ricos son ignorantes), solo alimentan en él los complejos propios del “no haber podido ser” y se los endilgan al obligarle, (sin preguntárselo) a realizar taréas que solo buscan conseguir “fama” y “éxito” para poder “sobresalir” ante los demás:

-Levántate ya nene, tienes que ir a tus clases de inglés, piano, canto y actuación… ¿que acaso no quieres ser un actor como lo quizo ser tu papi?- (Verborrea su madre cada que se levanta y lo levanta de la cama).

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A sus 10 años de edad, no entiende el porqué de semejantes y atribuladas obligaciones que no corresponden a la realidad de un niño de su edad; él solo quiere detenerse a divertirse  con los juguetes que recibe a diario y que no puede disfrutar…

-¿Para qué me los dieron si no puedo jugar con ellos?- (muy de vez en cuando se pregunta).

Salir a jugar con sus compañeros de la escuela constituye un imposible que su nana, María, realiza estríctamente al no sacarlo de la casa sin el consentimiento de sus padres. Amigos no tiene, solo “compañeros” escolares  atiborrados de gérmenes que lo pueden contagiar de “algo” y también de no sé qué tantas pendejadas que se imagina su progenitora al sobreprotegerlo a distancia, con esa preocupación apartada y prejuiciosa de quien se ha convertido en un artículo de lujo, tonto y parasitario que solo sabe gastar dinero y que en el fondo, traduce en su egoista complejo por detentar su “bienestar” o “lo mejor” para él… (como bien lo dice), pero, ¿qué chingados sabe ella acerca de las necesidades básicas y esenciales de su hijo si nunca tiene tiempo de alentarlo en la mínima iniciativa propia que se le pueda ocurrir? ¿De detenerse a preguntarle lo que le gustaría “ser” o hacer?

De su padre, Hernando, mejor ni hablar. Él se encuentra muy ocupado (siempre), salvaguardando el patrimonio de la familia y garantizando su solvencia: las comodidades, las vacaciones, los lujos, los viajes, el dinero… ¡El maldito dinero que hace de Jordi un ser endeble, frágil e infeliz!

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Jordi juega cada noche y cuando lo llevan a la cama (para disponerlo a dormir) y después de ordenarle, no pedirle, que se cepille los dientes; ha soñar con un mundo mejor en donde pueda ser feliz como  lo son sus compañeritos de la escuela (esos con lo que no convive) y  que a diario esbozan sonrisas sin tener un motivo aparente para hacerlo.

-¿Cómo me gustaría ser igual a ellos, cómo le harán? (se pregunta).

Y entre peticiones y rezos inocentes, dicta lo siguiente a su dios en turno, al que le han inculcado sus padres:

“Diosito, soy Jordi, me he portado bien y solo quiero pedirte lo siguiente: Un abrazo de papi, un beso de mi mami y la comprensión de María para dejarme salir a jugar. Hoy me la pasé muy triste, he puesto mucha atención en mis clases, he aprendido que en inglés apple es manzana y estoy aprendiendo a tocar para Elisa de Beethoven en el piano; la verdad, no me gusta, quisiera tocar las sonrisas de los niños que veo por la calle y plasmarlas en dó, en ré o en fá, aunque no sé qué significa eso… En ocasiones no quisiera ser yo, ayúdame por favor, solo quiero ser feliz… Amén”.

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Evidentemente Jordi “lo tiene todo” pero no es feliz… la realidad  en que vivimos nos dice que es lo contrario: que al tener muchas cosas, debemos de ser felices, pero Jordi, que tiene todo, no lo es… ¿Qué necesita para ser feliz?
El mundo, está al revés: Unos al tener nada, lo son y por consiguiente, tienen todo… ¿Entonces? ¿Qué le sobra a Cipriano? ¿Qué le hace falta a Jordi?

(Fin  de la primera parte).

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El mundo al revés (La mitad de la 1ra. Parte)

Posted by zeptymuz352 en enero 9, 2011

Cipriano es un niño indígena que vive en una comunidad rural, y su nombre fué heredado por una de esas incomprensibles manías que tienen los progenitores para desgraciar la decendencia al ponerles el nombre de su padre o de su madre; pero bueno, en este caso el “producto” fue barón y a fin de cuentas, eso significó la menor  de las  desventuras y las más ingente de las menores desdichas (para Cipriano) cuando a su abuela materna, Rogaciana, se le ocurrió la genial idea de nombralo como su abuelo: Hernáculo… y su madre, se negó…

No amá -decía la madre de Cipriano-, mi hermano, ya se llama así y sería como seguir  choteando el nombre de mi apá…

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Cipriano no conoce la televisión (¡bendita benedícite!). En su casa solo existe una Radio  que funciona a base de baterías “duraciel”, -así les dice su mamá- y que, con su ondas Hergzianas, consigue acompañar con “ruido” el estupor de una vida miserable que solo es concebible en un país que reparte sus riquezas injustamente, muy injustamente.

A él no le interesa nada de eso, las mañanas las sobrevuela alegremente cuando sale a la pileta (apartada de la pocilga que conoce como “casa”) y se lava la cara cada que se despierta y toma camino para la escuela.

Él, no conoce los Nintendos… ¡Vamos!, ni siquiera sabe qué es un X box y también desconoce para qué sirven. Tal vez nunca tenga acceso a comprar una de esas consolas de videojuegos tan modernas e inconcebibleme inservibles; por cierto, ¿para qué sirven?

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El sol en su rostro es su primer alegría, el aire que respira, las mariposas que sobrevuelan a su alrededor y que acompañan su andar, también le otorgan un placer que lo traduce en felicidad, en una felicidad que solo los que nos ocupamos en ser si mismos, podemos entender y experimentar.

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Hoy es 6 de enero (Bueno, ya paso y por lo tanto, supongamos), día de “los santos Reyes” y Cipriano, como es costumbre (constumbre añeja e ignorantemente heredada por generaciones que dicen que “así debe de ser”), recibe como regalo un par de carritos de madera. Llantas de madera, carrocería de madera, ¿qué es “carrocería”? ¡vah! A él no le interesa entender conceptos amañados de un mundo industrial que fabrica carros para venderlos. Él es feliz con su carrito de madera construido en las fábricas de producción masiva que engendran las manos mágicas de su abuelo… ¿Se acuerdan de su abuelo? ¿cómo se llama? Si, Herculano… ¡no!, en realida no se acuerdan, era “Hernáculo”… ¿ya ven como no ponen atención a la lectura? Chale’s!!

Bueno, el abuelo es el fabricante y humilde constructor de felicidades simples, de felicidades honestas y sinceras que dan lección (sin quererlo) a un mundo presuntuoso que olvida la humildad, sí, esa que  raya en la simplicidad…

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Cipriano llega de la escuela y lo primero que hace es jugar con esos carritos que no tienen nada diferente a esos videojuegos anteriormente descritos y sabe de antemano, que la magia de esas piedras de río redondas e uniformes que tiraba con su resortera, son pasado, no más… ahora tiene en sus manos un carrito.

Su felicidad es amplia, mucha. Tanta, que irradia un esplendor capáz de apagar el brillo del Sol. Sí, así es su dicha y la traduce en: bienestar, suerte, prosperidad, ventura, fortuna, contento, alegría, bonanza, satisfacción y ¡valla usted a saber que demás sinónimos para describir esa alegría por un día, por un simple día!

Tan simple y tan incomparablemente único… Ese día es de Cipriano; dejémoslo ser “así”… ¿Va?

(Fin de la mitad de la primera parte)

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¿Qué es un niño?

Posted by zeptymuz352 en diciembre 29, 2010

Existen dos cosas en este mundo que me indignan, me cagan y me hacen pensar que 180 millones de años de “evolución humana” han servido para una chingada!!

Los seres más indefensos dentro de nuestra indigna historia evolutiva son los animalitos y nuestros niños. A los primeros los cazamos para alimentarnos de ellos y luego, hipócritamente, los capturamos para domesticarlos y darles una mejor vida (por así decirlo y más hipócritamente), hacernos de su compañía… ¿y a los segundos?

A nuestra descendencia, solo la hemos traido para preservar la especie y acompañarnos en la porquería que hemos construido “inconscientemente” (seguimos con hipocrecías): este “mundo moderno”.

Yo creo que nuestros tatarabuelos los pitencantropus los cuidaban mejor aún en las peligrosas condiciones en que vivían al día para poder sobrevivir y claro está, por las fortuitas razones de que no tenían que hacerlo por dinero.

Hoy en día las cosas han cambiado al punto de rayar en la locura misma por no entender que esos seres indefensos, no tienen la culpa de lo que nos hemos convertido: Frankeinstains horrendos por un capricho “divino de imágenes y semejanzas” que en el fondo nos inventamos. ¡Maldito Dios que tooodo lo ve! ¡Lo odio por entrometido!

Pero vayamos al grano y como dirían en mí (¿tuyo, nuestro?) “pueblo”, ¡A lo que te truje Chencha!: volvamos al título de este post… ¿Qué es un niño?

Existe un escrito al respecto de Rodney Collin (que sépa la chingada quién es!!) y dice más o menos así, enlace: ¿Qué es un niño?

¿Ya lo leyeron? Ok… Ahora vean estas fotos y me dicen si están de acuerdo:

Ahora, con los poderes que me confiere el hecho de hacer lo que se me da la regalada gana con ese “pensamiento” arriba redirigido e incrustado en un enlace, me dispongo a reconvertirlo. Espero que les guste y si no es así, al menos léanlo:

“Entre la inocencia de la pérdida de infancia y la indignidad de la madurez, encontramos una encantadora criatura llamada niño que tiene que chingarle para subsistir.

Los niños vienen en diferentes medidas, pesos y colores (todo eso no importa, igual sirven para trabajar), pero todos tienen el mismo credo: sufrir cada segundo, de cada minuto, de cada hora, de cada día y de trabajar silenciosamente (su única arma para sobrevivir) cuando el último minuto se termina y los padres los meten a la cama con la idea de que no coman mucho y trabajen más.

A los niños se les encuentra dondequiera: en la construcción, debajo, dentro, trapeando, cargando, chingándole o brincando para que no se les venga encima lo que no pueden cargar. Las mamás los esperan abnegadas, las niñas trabajan por igual, los hermanos mayores los toleran silenciosamente, y sin saber porqué, trabajan junto a ellos; los adultos los ignoran como siempre y el cielo los ha dejado de proteger.

Un niño es la verdad inescrutable, silenciosa y con la cara sucia de las labores que realiza y que no son propias para él; la belleza marchita con una cortada en el dedo, la sabiduría con el chicle en el pelo y la esperanza del fruto con una rana metafórica en el bolsillo esperando que el maldito destino solo sea otra metáfora más de su propio destino.

Cuando estás ocupado, un niño es un carnaval de ganancias perdidas, de ruido desconsiderado para la maldita codicia de los adultos estultos, molesto y entrometido por no dar más. Cuando quieres que dé una buena impresión lo exhibes como el mejor de tus trabajadores, su cerebro se vuelve de gelatina porque no ha comido ni descansado o se transforma en una criatura salvaje y sádica orientada a destruir su propia vida por no comprender el mundo y a su propia desdicha.

Un niño es una combinación –tiene el apetito de un caballo pero no come igual, la digestión de un traga-espadas por no tener otra cosa en la panza mas que punzadas, la energía de una bomba atómica porque si lo golpeas, trabajará más, la curiosidad de un gato acorralado cuando piensa en cómo escapar de su desdicha, los pulmones de un dictador para gritar en silencio su dolor, la imaginación de Julio Verne para escaparse en 7 mil leguas de infortunio imaginario, la vergüenza de una violeta lejana para saber que esa flor tiene un aroma  que no ha de olfatear y solo puede aspirar a mirarla de lejos, la audacia de una trampa de fierro cuando se las ingenia a no seguir trabajando, el entusiasmo de una chinampina cuando explota dentro de sí para apagarse enseguida por no poder hacer nada y cuando hace algo tiene cinco dedos en cada mano para postergar todos su sueños, si para postergarlos unos minutos y seguir en sus labores propias de quien no las escogió.

Le encantan los helados porque se imagina ¿a qué sabrán?, las navajas para soñar que con ellas se cortan sus cadenas, las sierras porque jamás las han visto, las navidades que nunca disfrutarán, los libros con ilustraciones que solo se imaginan, las clases de música que les ofrecen los pajarillos que escuchan a lo lejos, las corbatas aunque no sepan para que sirven, los peluqueros ¿quienes son esos?, las niñas sí, sus compañeras hermosas que los acompañan en la desdicha, los abrigos ¿para qué sirven?, los adultos ¡detestables!… y la hora de acostarse, por fin a descansar…

Nadie más se levanta tan temprano, (solo ellos para seguir trabajando) ni se sienta a comer tarde porque no conocen otra hora después de caido el sol. Nadie más se divierte tanto con los árboles, perros y la brisa que los mismos que los han esclavizado. Nadie más puede traer en el bolsillo un cortaplumas oxidado, media manzana podrida, un metro de cordel, un saco vacío, dos pastillas de chicle masticado, seis monedas de ensueño, una honda fabricada con harapoz, un trozo de sustancia desconocida que tal vez sea tóxica y un auténtico anillo supersónico con un compartimiento secreto para escapar de la locura. ¡Todo imaginario!

Los niños son profundamente afectados por el ejemplo (Sí, de esta maldita realidad atiborrada de deseos), y en segundo término por las explicaciones que nunca les platican de su infortunio, cuando éstas son simples y claras: Tienes que trabajar para sobrevivir…

Lo más importante es que crezcan en un ambiente libre de negatividad, o sea: trabaja, trabaja, trabaja… e impulsados a tener confianza y a expresar su propio ser desmenbrado y amputado por la maldita codicia de este mundo.

Enséñalos a decir la verdad y después a que la callen, a ser honestos y sinceros pero siempre en silencio.

Eso es lo más importante… Oh sí!! Maravilloso mundo capitalista, maldita codicia, maldito dinero!!”

Preguntémosle a los niños de las fotos acerca de ese escrito: “¿Qué es un niño?”

Lo lamento, pero me adenlanté y contesto por ellos y sin pedirles permiso. Tal vez ellos sean menos mezquinos que yo, pero así lo veo, lo siento así por el alma de infante que creo aún conservar… 😦

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La aceptación de la ignominia

Posted by zeptymuz352 en diciembre 18, 2010

“Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena”.

Mahatma Gandhi

“30 mil muertos” se dice fácil, no se ocupa para el enunciado más que un número y dos palabras para dictarlo. Olvidemos por un momento si esas vidas extintas de personas buenas o malas eran o no merecidas, eran o no necesarias.  A la muerte, supongo, no le interesan este tipo de estadísticas y dicernimientos asequibles y fáciles de digerir. Ante la muerte, creo que no existen medias tintas, se acepta por sí misma y por irremediablemente ineludible. Solo es cuestión de entender “el cómo, el cuándo, el dónde y por qué”.

¡Pero no!, no es la muerte la encargada y responsable de salvaguardar nuestra existencia; ella solo espera, con su paciencia inescrutable a que nosotros, los seres humanos, la caguemos y le adenlantemos (y porqué no, también), le carguemos un poco más (por así decirlo), de su ya de por sí atribulado trabajo…

Entonces (me pregunto y les pregunto): ¿quienes son responsables de salvaguardar nuestras vidas dentro de una sociedad, una cultura o uno de esos moldes creados por nosotros mismos y que llamamos “gobiernos”? ¿Quién ó quiénes? ¿En quiénes depositamos nuestras ilusiones (por no decir esperanzas) para que comanden dichos gobiernos? ¿Los políticos? ¡Bah! esos, de antemano sabemos que no sirven más que para enriquecerse a nuestras costillas. ¿Entonces quién puede ser el responsable de garantizarnos (¡no bienestar!), sino simplemente, un poco de seguridad para salir a la calle y sentirnos tranquilos?

Éstas, como las acaban de leer, son solo preguntas. Olvidémoslas, ¡a la chingada!, volvamos a los “30 mil muertos”… (y también a otro tipo de preguntas):

¿Quiénes eran? ¿Cómo se llamaban? ¿Qué hicieron para merecer morir? ¿Porqué? ¿Porqué? ¿Porqué…?

¿Tan indiferentes y pendejos nos hemos convertido para no poner un poco de atención en esto que nos afecta a todos? ¿Para no buscar un remedio que termine con tanto sufrimiento? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo terminará este catálogo de agravios que no nos merecemos?

Ante antier, fueron 49 bebecitos en Sonora; no hay culpables… antier fueron estudiantes, civiles inocentes y 20 turistas masacrados por “equivocación” y “bajas colaterales”; no hay culpables… ayer (y vergonzosamente), una señora, una madre que solo pedía justicia por esclarecer el asesinato de su hija; no hay culpables, bueno, solo chivos expiatorios… y hoy, hoy no lo sé, no se lo deseo a nadie, pero podríamos ser tú, o yo… ¿Habrá culpables?

¿Y mañana? ¿Qué pasara mañana?

De nosotros y solo de nosotros depende que todo este catálogo de agravios no se repita; pero de esto último, no estoy seguro, solo son esperanzas, sueños guajiros…

Perdón, pero me declaro incompetente para entender que la razón y la alegría que nos hace únicos en este planeta, se nos ha escapado de las manos, me declaro imbécil por no entenderlo, por no comprender…

(Dedico este escrito a mi amiga Tere, por 1.- Haberme sugerido escribir al respecto y 2.- Por compartir conmigo la misma zozobra, la misma preocupación y la candidez de creer que podemos cambiar esta situación… ¿Cómo? No lo sé, ayúdenos por favor…)

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Un vendedor cualquiera vendiendo lectura apresurada

Posted by zeptymuz352 en diciembre 3, 2010

El fin de semana, deambulando en la FIL de Guadalajara y más que nada esperando a que mi querida amiga Zyanya se decidiera a comprar un disco de música en uno de esos estantes que ofrecen melomanía iconoclasta, comencé a curiosear en los alrededores a la búsqueda de algo interesante cuando me abordó un sujeto trajeado que me dijo (y tendiéndome su mano a manera de saludo):

-Hola, ¿ya le dieron su regalo?

A lo cuál pensé y contesté inmediátamente:

-¿Cómo? ¿Ya mataron a Calderón? ¿México ganó un mundial de futbol? ¿Ratzinger acaba de fallecer? ¿Cayó un meteorito en el Vaticano? ¿Elba Esther Gordillo se asfixió con su propia y crapulenta fealdad? (¡!)

El regordete mercachifle solo disimuló con una sonrisa y contestó atropelladamente (y sin responder a mis interrogantes):

-¿No le gustaría aprender a leer mil setecientas palabras por minuto?

-No, la verdad es que no lo había pensado y como no lo había pensado, pues he de suponer que no me interesa…

-¿De dónde nos visita?

-Vivo aquí, en Zapopan…

-¡Ah!, yo también, pero Zapopan, como dicen, es GRANDE…

-(¡Oh!, pensé hacia mis adentros empequeñecidos y contesté rápidamente): Vivo en Real Vallarta, ¿y mi regalo?

-Ah, pues mire, tenemos el caso de un médico cirujano de Aguascalientes que leía a razón de 660 palabras por minuto, pero después de comprar nuestro método de léctura rápida, aprendió a leer y comprender lo que leía, a razón de mil setecientas palabras por minuto, ¿se imagina usted cuánto conocimiento se ahorró? (Sic)…

(Neta que me contuve por no aplicarle el “¿sí?, pus guauuu!!”, y esperé que prosiguiera en su vendimia no sin antes contenerme aun más a contestarle sorprendido, ¡Y cómo lo logró!).

-¿Qué le parece? ¿A qué se dedica usted?

-Soy coleccionista de fracasos y gracias a mí, me gusta leer y no tengo prisa por hacerlo apresuradamente…

-¿Se puede saber la razón?

-¡Claro! (esperaba con ansias esa pregunta)… Mire, creo que el hábito a la lectura no existe porque es difícil, aburrido y a pocos les interesa. En lo personal, nunca había pensado siquiera en llevarlo a cabo de manera rápida como si se tratara de carreritas o como si me fueran a dar un premio de los Record’s Guinnes por realizarlo de esa manera. Pienso que primero deberíamos de inculcar el gusto por hacerlo y después vanagloriarnos por haberlo conseguido.

-Ok, gracias por su tiempo… (agradecimiento hipócrita antecedido por una cara de fuchi).

-De nada, suerte con su método… (respuesta con cara de sarcasmo antecedida y disimulada con un putamadral más, de sarcasmo).

Y tan tán, aquí termina esta breve historia…

Bueno bueno, no voy a terminar este escrito sin antes cuestionar el hecho de que ¿a quién chingao’s en su sano juicio y verdadera afición a la lectura, le interesa aprender a leer “mil setecientas palabras por minuto”? ¡Fuhta! Moraleja: no existe, o quién sabe, no lo sé, cada quién, ¿no les parece?

(Por cierto, a quien lea este escrito en menos tiempo de esas mil setecientas palabras por minuto, <<momento!! ¿si cuenta con esa cantidad palabras? ¡JAH!>> se le otorgará un pequeño espacio en este gran corazonsote que tengo y por haber demostrado que son bien chingones, oh, si…).

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