La insoportable bloguedad del Ser

“El hombre, es el único animal para quien su propia existencia constituye un problema que tiene que resolver y del cual no puede escapar”. Erich Fromm

  • En este sitio, solo encontrarás cosas que me parecen importantes y como tales: Dignas de compartir…

    Noviembre 2009
    L M X J V S D
    « May    
     1
    2345678
    9101112131415
    16171819202122
    23242526272829
    30  

Fotos que hicieron historia

Publicado por zeptymuz352 en Mayo 21, 2009

Dibujo

LA FAMOSA FOTO DEL CHE GUEVARA

Se llama Guerrillero heroico- en la que aparece su rostro con la boina negra mirando a lo lejos, fue tomada por Alberto Korda el 5 de marzo de 1960 -cuando Guevara tenía 31 años- en un entierro por la víctimas de la explosión de La Coubre, pero no fue publicada sino hasta siete años después. El Instituto de Arte de Maryland (Estados Unidos) la denominó “La más famosa fotografía e icono gráfico del mundo en el siglo XX”. Es quizá además la imagen más reproducida en la historia, apareciendo en carteles, camisetas, obras de arte, y un largo etcétera. Expresa desde un símbolo universal de rebeldía -en todas sus interpretaciones- (sigue siendo un icono para la juventud no afiliada a las tendencias políticas principales) hasta una imagen “sexy”.

Dibujo1

LA AGONÍA DE OMAYRA

Omayra Sánchez fue una niña víctima del volcán Nevado del Ruiz durante la erupción que arraso al pueblo de Armero, Colombia en 1985. Omayra estuvo 3 días atrapada en el fango, agua y restos de su propia casa. Tenía 13 años y durante el tiempo que se mantuvo atorada siempre estuvo encima de los cuerpos de sus familiares. Cuando los socorristas intentaron ayudarla, comprobaron que era imposible, ya que para sacarla necesitaban amputarle las piernas, sin embargo carecían de cirugía y podría fallecer. La otra opción era traer una moto-bomba que succionará el cada vez mayor fango en que estaba sumergida. La única moto-bomba disponible estaba lejos del sitio, por lo que solo podían dejarla morir. Omayra se mostró fuerte hasta el último momento de su vida, según los socorristas y periodistas que la rodearon. Durante los tres días, estuvo pensando solamente en volver al colegio y en sus exámenes. El fotógrafo Frank Fournier, hizo una foto de Omayra que dio la vuelta al mundo y originó una controversia acerca de la indiferencia del Gobierno Colombiano respecto a las víctimas. La fotografía se publicó meses después de que la chica falleciera. Muchos ven en esta imagen de 1985 el comienzo de lo que hoy llamamos Globalización, pues su agonía fue seguida en directo por las cámaras de televisión y retransmitida a todo el Mundo.

LA NIÑA DE VIETNAN

LA NIÑA DE VIETNAN

El 8 de junio de 1972, un avión de Los Estados Unidos bombardeó con napalm la población de Trang Bang. Allí se encontraba Kim Phuc con su familia. Con su ropa en llamas, la niña de nueve años corrió fuera de la población. En ese momento, cuando sus ropas ya habían sido consumidas, el fotógrafo Nic Ut registró la famosa imagen. Luego, Nic Ut la llevaría al hospital. Permaneció allí durante 14 meses, y fue sometida a 17 operaciones de injertos de piel. Cualquiera que vea esa fotografía puede ver la profundidad del sufrimiento, la desesperanza, el dolor humano de la guerra, especialmente para los niños. Hoy en día Pham Thi Kim Phuc, la niña de la fotografía está casada y con 2 hijos y reside en Canada. Preside la ‘Fundación Kim Phuc’, dedicada a ayudar a los niños víctimas de la guerra y es embajadora para la UNESCO.

“El coronel asesinó al preso; yo asesiné al coronel con mi cámara”. Eddie Adams, fotógrafo de guerra,fue el

EJECUCIÓN EN SAIGÓN

EJECUCIÓN EN SAIGÓN

autor de esta instantánea que muestra el asesinato, el 1 de febrero de 1968, por parte del jefe de policía de Saigon, a sangre fría, de un guerrillero del Vietcong, que tenía las manos atadas a la espalda, justo en el mismo instante en que le dispara a quemarropa. Adams, que había sido corresponsal en 13 guerras, obtuvo por esta fotografía un premio Pulitzer, pero le afectó tanto emocionalmente que se reconvirtió en fotógrafo del mundo rosa.

LA NIÑA AFGANA

LA NIÑA AFGANA

Gharbat Gula fue fotografiada cuando tenía 12 años por el fotógrafo Steve McCurry, en junio de 1984. Fue en el campamento de refugiados Nasir Bagh de Pakistán durante la guerra contra la invasión soviética. Su foto fue publicada en la portada de National Geographic en junio de 1985 y, debido a su expresivo rostro de ojos verdes, la portada se convirtió en una de las más famosas de la revista. Sin embargo, en aquel entonces nadie sabía el nombre de la chica. El mismo hombre que la fotografió, Steve McCurry realizó una búsqueda de la joven que duró 17 años. El fotógrafo realizó numerosos viajes a la zona hasta que, en enero de 2002, encontró a la niña convertida en una mujer de 30 años y pudo saber su nombre. Sharbat Gula vive en una aldea remota de Afganistán, es una mujer tradicional pastún, casada y madre de tres hijos. Ella había regresado a Afganistán en 1992. Nadie la había vuelto a fotografiar hasta que se reencontró con McCurry y no sabía que su cara se había hecho famosa. La identidad de la mujer fue confirmada al 99,9% mediante una tecnología de reconocimiento facial del FBI y la comparación del iris de ambas fotografías.

Thich Quang Duc, nacido en 1897, fue un monje budista vietnamita (también llamados bonzos) que se inmoló

PROTESTA SILENCIOSA

PROTESTA SILENCIOSA

hasta morir en una calle muy transitada de Saigon el 11 de junio de 1963. Su acto de inmolación, que fue repetido por otros monjes, fue el más recordado, ya que fue atestiguado por David Halberstam. Mientras su cuerpo ardía, el monje se mantuvo completamente inmóvil. No gritó, ni siquiera hizo un ruido. Thich Quang Duc estaba protestando contra la manera en la que la administración oprimía la religión Budista en su país. Después de su muerte, su cuerpo fue cremado conforme a la tradición budista. Durante la cremación su corazón se mantuvo intacto, por lo que fue considerado como santo y su corazón fue trasladado al cuidado del Banco de Reserva de Vietnam como reliquia. Este es el origen de la expresión “quemarse a lo bonzo”, que al revés de lo que la gente piensa no se refiere a la forma de quitarse la vida, sino al hecho de matarse como forma de protesta política.

MUERTE ASECHANDO

MUERTE ASECHANDO

Genial fotógrafo sudanés Kevin Carter ganó el premio Pulitzer con una fotografía tomada en la región de Ayod (una pequeña aldea en Sudan), que recorrió el mundo entero. En la imagen puede verse la figura esquelética de una pequeña niña, totalmente desnutrida, recostándose sobre la tierra, agotada por el hambre, y a punto de morir, mientras que en un segundo plano, la figura negra expectante de un buitre se encuentra acechando y esperando el momento preciso de la muerte de la niña. Cuatro meses después, abrumado por la culpa y conducido por una fuerte dependencia a las drogas, Kevin Carter se quitó la vida.

The Falling Man es el título de una fotografía tomada por Richard Drew durante los atentados del 11 de

THE FALLING MAN

THE FALLING MAN

septiembre de 2001 contra las torres gemelas del World Trade Center, a las 9:41:15 de la mañana. En la imagen se puede ver a un hombre caer desde una de las torres, que seguramente eligió saltar al vacío en lugar de morir por el calor y el humo. La publicación del documento poco después de los atentados encolerizó a ciertos sectores de la opinión pública norteamericana. Acto seguido, la mayoría de los medios de comunicación se auto-censuraron, prefiriendo mostrar únicamente fotografías de actos de heroísmo y sacrificio. Un documental trato de averiguar la identidad de aquel hombre.

PREMIO PULITZER VENEZUELA

PREMIO PULITZER VENEZUELA

Durante el Alzamiento de Puerto Cabello Estado Carabobo en Venezuela –1962- episodio conocido como el porteñazo el gobierno reprimió violentamente a los insurrectos
La imagen del capellán Luis María Padilla sosteniendo en sus brazos a un soldado herido recorrió el mundo y lo hace acreedor del único premio Pulitzer y World Press Photo obtenido en el país en mención fotoperiodismo.
Donde el capellán Luís María Padilla intenta salvar al subteniente Luís Antonio Rivera Sanoja del Batallón Carabobo. Mientras lo alzaba en brazos éste sólo alcanzó a decir “ayúdeme padrecito” antes de ser nuevamente herido por las balas.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado: | 1 comentario

La Leyenda del Espantapájaros

Publicado por zeptymuz352 en Enero 26, 2009

La naturaleza y el comportamiento del ser humano siempre se ha distinguido por su incongruencia. Los prejuicios son el combustible que lo han llevado a cometer las peores calamidades. Lo que para algunos es bueno, para otros es malo y visceversa. Su empatía, tal parece que ha tomado unas vacaciones indefinidas.

A los que les ha tocado el papel de llevar a cabo un trabajo que desprecian, se les niega la oportunidad de cambiarlo. El que tiene ojos no tiene tiempo para detenerse a contemplar lo que sucede a su alrededor y el que está ciego, es el que termina apreciando la verdadera escencia de aquellos que en realidad son buenos.

La Leyenda del Espantapájaros es eso y más; o al menos, es lo que me hizo pensar y sentir al contemplarlo…

Espero que les guste este excelente y emotivo cortometraje animado:

Publicado en Uncategorized | Etiquetado: , , , , | 1 comentario

La raíz de todos los males

Publicado por zeptymuz352 en Enero 15, 2009

hernandez2Siempre había creido que la raíz de todos los males que sufre nuestro país, eran la ignorancia, la apatía, la pobreza, la falta de identidad y muchas otras melindrerías que daban paso e incapié a la corrupción, la ausencia de valores, la desintegración familiar y algunas otras ignominias que ya parecen formar parte escencial de nuestra estrafalaria e irrisoria idiosincracia.

No es así. El día de ayer, “nuestro” (y entrecomillo la palabra, así como él pluralisa al hablar, sin otro sentido que el de mofarse del sarcasmo mismo) presidente Felipe Calderón, inauguró el sexto Encuentro Mundial de las Familias 2009 e hizo las siguientes declaraciones:

Palabras de bienvenida a la tierra de María Guadalupe y de San Juan Diego, también de los mártires de la persecución y, no puedo omitir el comercial, del primer santo mexicano, que es además mi patrono, San Felipe de Jesús”.

Y ante la ausencia del Papa Benedicto XVI, dijo a su representante en turno: “La verdad es que lo extrañamos (¿extrañamos?) en México y aquí lo vamos (¿vamos?) a seguir esperando siempre con los brazos abiertos”

Entre saludos: Saludo a mis paisanas y a mis paisanos michoacanos, que sé que se dejaron venir en serio. Saludo también a quienes han sido parte, responsables, no faltará quien diga que culpables, pero en fin, de mi formación y mi educación, son varios: a los Hermanos Maristas, desde luego, a las Misioneras del Espíritu Santo, a las hermanas del Verbo Encarnado”.

Y bueno, ya estándo dentro de las encumbraciones fervorosas y ante tales declaraciones, me es irremediable no denotar mi estupor con el ya conocido por todos: ¡Válgame Dios!

Después hizo alarde de sus conocimientos estadísticos: En México más de cinco millones de familias están encabezadas por la madre, por una mujer. También presenciamos cada vez más que, de acuerdo con la legislación civil, la práctica de divorcio propicia que muchas familias vivan un proceso de desintegración y de reintegración, en ocasiones hacia nuevos núcleos familiares”.

Después utilizó la retórica para ejemplificar con palabras lo bello que es lo bonito: “El amor en todas sus expresiones dentro de la familia, amor paterno, amor conyugal, amor filial, amor fraterno.

Ahora bien, que el hecho de que estos fenómenos ocurran y ocurran cada vez más, no debe llevarnos ni a ignorarlos y menos a dejar en el desamparo a quienes viven en esta situación.”

Y casi al final, fué iluminado por esas poderosas y ocultas fuerzas del bien y que irónicamente terminan  haciendo triunfar al mal, para llegar al climax de la sapiencia y decir lo siguiente: “Vale la pena señalar, amigos, que la proliferación de individuos que hacen de la violencia, del miedo, del crimen y del odio su forma de vida coincide, por desgracia, en una gran medida, con la fragmentación y la disfuncionalidad que afectaron su entorno familiar.

Un gran porcentaje de personas que fallecen en enfrentamientos entre grupos criminales en México y que provocan, desde luego, la mayor atención de la sociedad y de los medios de comunicación son particularmente jóvenes y jóvenes que están totalmente desarraigados de un núcleo familiar; son adolescentes y jóvenes que se formaron en la carencia absoluta no sólo de valores familiares, sino de familia misma“.

Y yo que creía que la culpa era del neoliberalismo, de la pobreza, de la corrupción… ¡No! La culpa es del divorcio y por eso mismo propongo que se prohiba el matrimonio so pena de muerte, por ser considerado (y por simple lógica) como la primera y principal causa de las rupturas conyugales que tanto daño hacen a nuestro amado país. ¡He dicho!

Ya en serio y como mexicano que soy, no sé si reir o llorar… ¡Chale’s!

*Aquí pueden leer el discurso completo: Sala de Prensa del Gobierno Federal

Publicado en Uncategorized | Etiquetado: , | 4 Comentarios »

El Globo Rojo

Publicado por zeptymuz352 en Enero 14, 2009

globoCada que se me presenta en la memoria un retazo de mi infancia, recuerdo que adoraba un trenecito de hojalata que me regaló mi padre al regresar de uno de sus largos y distantes viajes de trabajo y creo que el cariño que concebía por los obsequios que me traía, terminarían por fundamentar los cimientos y el afecto que inconcientemente y poco a poco, fuí asimilando hacia los valores que hoy en día son casi caducos y fugaces como son la amistad y la lealtad hacia lo que consideramos una buena compañía.

En ocasiones extraño mi infancia y recuerdo con melancolía ese mundo mágico que creaba con la imaginación y me hacía fantasear con un mundo paralelo en donde todos esos objetos inanimados cobraban vida y cada uno de ellos era poseedor de una alma, una personalidad y hasta de sentimientos propios. Recuerdo que me seducían e intrigaban porque terminaba por adoptarlos como ese “caparazón” propio de aquellos que se refugian de la maldad y la injusticia que desde siempre han existido.

>>>>>

No todos los niños son buenos, pero tampoco quiero dar a entender que al no serlos, se conviertan en malos. Tal vez la combinación de una educación equivocada por parte de los padres y la ausencia del dicernimiento para diferenciar una cosa de la otra, conduzcan a algunos de ellos a confeccionar actitudes no propias de un infante. ¿Quién no recuerda al niño brabucón de la primaria que gustaba de hacerle la vida complicada al diferente, al gordito, al reservado, al feito, etc…?

La vida dentro de nuestra sociedad termina irremediablemente por transformar todas esas conductas en lo que hoy vemos como el pan de todos los días. Hipocrecía, indiferencia, vileza, crueldad y un extenso catálogo de sensaciones agraviantes que terminan por descomponer las entidades que cohabitamos…

>>>>>

Cuando tenía 6 años, vi una película francesa de 1956 titulada: Le ballon rouge o El globo rojo de Albert Lamorisse que cuenta una hermosa historia sobre la relación de un niño con su peculiar compañero y que ejemplifica de cierta manera algunas de estas cosas que les he platicado. Estoy seguro de que pocos cineastas han logrado darle vida a algo tan aparentemente inexpresivo como ese objeto inflado, atado a un hilo y también que haya logrado describir de un modo tan poético las ilusiones y la imaginación propias de la niñez.

Sin duda, el globo rojo es el gran personaje de este largometraje. Para dotarlo de picardía, de fidelidad, de afecto, el guionista y director Albert Lamorisse se valió únicamente de distintos planos y del arte de la edición. Aquí no hubo efectos especiales, y ningún actor famoso prestó su voz. No, sólo se trató de la cámara y del globo.

A 52 años de su filmación y al recordarla, esa película me hace preguntarme si es demasiado tarde para emprendernos en el mismo vehículo que la ha mantenido vigente por su estética, su expresividad y el sello característico e indiscutible que hace de lo que parece a simple vista mundano; sensible y artístico. No dejemos en desuso esos sentimientos extraviados en el olvido. Rescatémoslos de nuestra infancia y hagamos lo posible para transformarlos en un globo rojo…

Publicado en Uncategorized | Etiquetado: , | 1 comentario

Data de Radioactivo

Publicado por zeptymuz352 en Enero 12, 2009

radioactivoData, era un programa de investigación de la extinta estación de Radio: Radioactivo. Y que divulgaba información de interés general y con un estilo propio y de buen gusto que pronto le hizo ganar un lugar, en la historia de las radiodifusoras mexicanas.

El siguiente programa es un especial dedicado a la Matanza del 02 de Octubre de 1968 y se escuchó en el año de 2003 en la ya mencionada y desaparecida estación.

La consigna política que ha quedado desde aquella fatídica fecha, es la famosa y conocida por todos: “02 de Octubre, no se olvida!!!” Y precisamente me decidí a subir este audio el día de hoy 12 de Enero de 2009, porque más que “no olvidar” esta fecha, creo que debemos de divulgar por cualquier medio lo que sucedió…

Publicado en Uncategorized | Etiquetado: , | 3 Comentarios »

¿Y nosotros, cuándo?

Publicado por zeptymuz352 en Enero 5, 2009

manwalkEl 20 de diciembre del año pasado (y que acaba de terminar) Bolivia, el país más pobre de Latinoamérica después de Haití se declaró como territorio libre de analfabetismo.

Después de Cuba que lo hiciera en 1961 y Venezuela en 2005  con ayuda del país caribeño, Bolivia es el tercer país latinoamericano en conseguirlo con el apoyo de los dos anteriores…

¿Pero qué tienen estos 3 países en común? Simple: son los 3 países latinoamericanos que por medio de sus gobernantes, se le han revelado al imperio de los Estados Unidos y decidieron tomar las medidas necesarias para comenzar a quitarse el yugo y la dependencia como ignorancia institucionalizada que los ameriyanquis eligieron como la base de su estrategia (y desde hace ya mucho tiempo) para mantener y seguir manteniendo bajo su dominio a todos los países que geografica y tristemente se encuentran debajo de él.

Se dice que los verdaderos culpables son aquellos que escogen a sus gobernantes y después permiten que los roben año tras año. Nos dicen que los presidentes de esos 3 países son: “dictadores”, “malos”, “populistas”, “comunistas” y demás términos que la oligarquía a terminado por inventarse para no permitir que la conciencia de los jodidos se siga expandiendo y termine por contagiar a sus vecinos.

Honestamente en nuestro país, en México; no sé a ciencia cierta dónde recaiga o resida la responsabilidad para buscar y/o deslindarse de las desgracias que nos aquejan.

Se nos impone a un individuo como presidente de nuestra Nación para que cuide de los interéses de quienes ahí lo pusieron. Nos promete honestidad y el país desfallece y sangra por la corrupción que impera y alberga el mismo gobierno que dice luchar contra ella. Se hace llamar “el presidente del empleo” y el país vive los más altos índices de desempleo de nuestra historia y con un futuro que presagia cosas peores para éste año… Pero no importa, en la tele nos dicen que todo va bien…

Según estadísticas, tres de los estados de nuestro país con mayor riqueza en cuanto Recursos Naturales son: Chiapas, Veracruz y Guerrero e irónicamente son de los estados con mayor índice de desigualdad, corrupción y pobreza. Incongruente… ¿No? Pues si así lo creen, existe una estadística más irónica aún: Estos tres estados son poseedores de los más altos índices de analfabetismo en nuestro país. ¿Casualidad? ¡Naaahhh!

Nuestro país y según datos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional será el de menor crecimiento económico de toda Latinoámerica para éste 2009. ¡Chale’s! ¿Y el petróleo? ¿Y las Remesas de los inmigrantes? Pero eso si, qué sueldazos tienen nuestros gobernantes…

Bolivia, el segundo país más pobre de Latinoámerica está mejor “blindado” económicamente que nosotros para enfrentar la crísis que se avecina y el 20 de diciembre del año pasado, hizo su declaratoria oficial como territorio libre de analfabetismo. ¿Coincidencia? ¡Como sea!

¿Y nosotros, cuándo?

Nosotros mejor sigamos criticando al Peje, sigamos depositando nuestras ilusiones en 11 changos y un sueco desabrido y olvidemos que a diario nuestro país se cae a pedazos…

>>>>>

Ver nota publicada en: La Jornada

Video:

Publicado en Uncategorized | Etiquetado: , | 4 Comentarios »

“Ensayo sobre la muerte y el amor”

Publicado por zeptymuz352 en Diciembre 19, 2008

El siguiente escrito me lo envió un querido amigo y junto con el mismo; una invitación a participar en su blog y que lógicamente acepté gustoso. El blog se llama: “Ejercicio Cuneiforme

No les platico más y mejor les dejo una pequeña semblanza que explica de qué se trata y también que es un blog “protegido” en cuanto al acceso. Si deseas visitarlo y/o participar en él, tendrás que enviar una solicitud a la siguiente cuenta de correo: ejerciciocuneiforme@live.com.mx

“(…)Ejercicio Cuneiforme es un proyecto que nace de la necesidad que muchos de nosotros experimentamos cuando nos vemos envueltos en la búsqueda que comprende expresarnos libremente y sin temores. Compartir nuestro sentir y nuestros pensamientos bajo el cobijo que las Letras, la Escritura y las palabras escritas han brindado al Ser Humano desde qué éste mismo las inventó y como uno de los medios más hermosos y eficaces de la comunicación(…)”

>>>>>>

“A ciencia cierta desconozco el significado etimológico de este par de palabras. De ahí que el ensayo, se haya inventado como un recurso literario falto de erudición y conocimiento por así decirlo: Culto o letrado para dar a conocer una postura o un pensamiento. De lo que se trata no es de ver el trasfondo de los hechos y ni siquiera de ahondar totalmente y de manera filosófica en dicho desempeño. De lo que se trata, es simplemente de dar a conocer una opinión pedestre (si así se quiere entender); pero no por eso deshonesta respecto a lo que se quiere transmitir. Creo que se trata de todo lo contrario: De reflexionar y discernir de manera desprendida y sin ningún tipo de convencionalismos…

Lo que sigue tiene un poco de ficción verídica y de verdad ficticia. En ustedes recae la responsabilidad de creer lo que mejor les convenga:

Diciembre del año de 2008

Corría el año de 1956 cuando tenía la tierna edad de 5 años. Mi vida se resumía y trascurría en ese aletargado y feliz subsistir de los juegos imaginarios que llevaba a la práctica con mis otros 4 hermanos. No puedo decir que mi infancia haya sido total y realmente feliz si tomamos en cuenta que un niño de esa edad no lo es plenamente por la falta de un padre ausentado por sus ocupaciones laborales, y distante para poder abrazarle diariamente como lo habrá experimentado en su niñez cualquier otra persona que esté leyendo estas líneas. Mi madre abnegada a vivir encerrada en una casa y no por eso, mujer reacia y hecha a la antigua… no podía más que atendernos amorosamente y eso; en cuanto sus ocupaciones domésticas se lo permitían.

En ese entonces no era fácil educar a 5 críos sola y encaminarlos en por un buen sendero. Bien dicta un viejo adagio: “Todos saben educar a un hijo…. todos, excepto los padres…”

Ese mismo año lo recuerdo vívidamente como si no hubieran pasado ya tanto tiempo. Mi primer contacto con la muerte:

Desayunaba junto con mis 4 hermanos cuando llegó aquel fatídico telegrama que daba aviso de la muerte de mi abuela materna. La verdad es que no recuerdo a ciencia cierta su nombre y hasta la fecha me he negado y reservado el derecho de preguntárselo a mi madre. Con la convicción de saber que la tengo presente en mi memoria desde entonces y cuando me cargaba en sus brazos a la edad de 2 años y medio y aunque nadie me lo crea, me es más que suficiente. El suceso me marcó para toda la vida y desde entonces, comprendí que simplemente la muerte es parte y forma parte de nuestra existencia… más adelante entenderán a qué me refiero.

>>>>

¿Qué concepto tiene de la muerte en un niño de 5 años acostumbrado a vivir al día y llevándose alegremente la misma y en juegos con sus hermanos… arropado por el amor incondicional de una madre abnegada?

Claro que tuve la fortuna de vivir en un medio pacífico y no como lo vemos actualmente en las noticias y con niños amedrentados por la estupidez de unos cuantos adultos que se hacen llamar: “Líderes o Gobernantes” y que les gusta jugar a hacer guerras…

Inicialmente, y cuando me explicaron de manera por así decirlo subjetiva la muerte de mi abuela; en mi no cabía en la cabeza la capacidad de entender que algún día TODOS teníamos que morir y entonces decidí resguardarme dentro de un viejo tambo (en donde mi madre guardaba ropa vieja) y lloré… lloré durante horas sin importarme perder la conciencia por la falta de oxígeno…

¡No lloré por la muerte de mi abuela! Ni siquiera por el hecho de haber entendido que algún día tenía que morir yo… tú o cualquiera de nosotros. Lloré por el hecho de que me parecía tan hermosa mi existencia, la vida en si misma… que terminé por experimentar una gran pena por intuir que tenía que suceder… que inevitablemente tenía que suceder. Después sucedió y comenzó a suceder lo inevitable. Experimenté y sufrí las pérdidas obvias y naturales: El tío, la prima de mi mamá, los gorriones que criaba dentro de sus jaulas, mis mascotas, mi tía Josefa, un amigo, después la pérdida de mi padre y últimamente el deceso de mi esposa y uno de mis hijos.

La muerte es parte de la vida y no me interesa saber a ciencia cierta cuándo me llegará… solo es cuestión de “cómo, cuándo, dónde y porqué…”

Gracias a la muerte, o a su irremediable presencia en nuestras vidas, he aprendido y muchos años después; que no me queda más que disfrutar de lo poco o mucho que me queda por hacer o he hecho. De cómo me he dirigido hacia mis semejantes y de qué manera he tratado de distinguirme entre ellos por el trato que procuro darles u ofrecerles.

Del amor… ¿Qué les puedo decir? Soy un hombre feliz, hice mi vida… ¡Sí! ¡HICE MI VIDA! ¿Cuántos de ustedes han hecho lo mismo para declararse totalmente felices a pesar de saber que sucederá todo esto que les he platicado?

Próximamente me estreno como abuelo y si lo que acaban de leer no les parece plasmado de ese grande y noble sentimiento que significa sentir, amar o dar amor… entonces de nada ha servido mi vida y mucho menos lo que acabo de compartirles en este momento y terminan de leer…

(El tema es extenso y da para mucho más. Espero compartirles la 2da parte de lo que tal vez les parezca poco, pero que para mí, hasta el momento lo es todo…)”

José Godoy Márquez

http://ejerciciocuneiforme.wordpress.com/

Publicado en Uncategorized | Etiquetado: | Deja un Comentario »

“El Hombre Imaginario”

Publicado por zeptymuz352 en Noviembre 26, 2008

”El Hombre Imaginario” de Nicanor Parra

“El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario”.

Video:


Publicado en Uncategorized | Etiquetado: | Deja un Comentario »

José Saramago

Publicado por zeptymuz352 en Noviembre 23, 2008

libros_1De cómo los personajes se convirtieron en maestros y el autor en su aprendiz
[Discurso de aceptación del Premio Nobel 1998 ]

José Saramago


El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer. Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del desmame eran vendidos a los vecinos de nuestra aldea de Azinhaga, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a la cama. Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable. Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando vueltas y vueltas a la gran rueda de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho del ganado. Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: “José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera”. Había otras dos higueras, pero aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera. Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que significaba. En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la Vía Láctea, el camino de Santiago, como todavía le llamábamos en la aldea. Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba. Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, introducía en el relato: “¿Y después?” Tal vez repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas, quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas. En aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de toda la ciencia del mundo. Cuando, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre descalzo hasta los catorce años), todavía con pajas enredadas en el pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se encontraban las pocilgas, al lado de la casa. Mi abuela, ya en pie desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me tranquilizaba: “No hagas caso, en sueños no hay firmeza”. Pensaba entonces que mi abuela, aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras. Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, creía en los sueños. Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche, ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: “El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir”. No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y última despedida, el consuelo de la belleza revelada. Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito, gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver.


Muchos años después, escribiendo por primera vez sobre éste mi abuelo Jerónimo y ésta mi abuela Josefa (me ha faltado decir que ella había sido, según cuantos la conocieron de joven, de una belleza inusual), tuve conciencia de que estaba transformando las personas comunes que habían sido en personajes literarios y que ésa era, probablemente, la manera de no olvidarlos, dibujando y volviendo a dibujar sus rostros con el lápiz siempre cambiante del recuerdo, coloreando e iluminando la monotonía de un cotidiano opaco y sin horizontes, como quien va recreando sobre el inestable mapa de la memoria, la irrealidad sobrenatural del país en que decidió pasar a vivir. La misma actitud de espíritu que, después de haber evocado la fascinante y enigmática figura de un cierto bisabuelo berebere, me llevaría a describir más o menos en estos términos un viejo retrato (hoy ya con casi ochenta años) donde mis padres aparecen. “Están los dos de pie, bellos y jóvenes, de frente ante el fotógrafo, mostrando en el rostro una expresión de solemne gravedad que es tal vez temor delante de la cámara, en el instante en que el objetivo va a fijar de uno y del otro la imagen que nunca más volverán a tener, porque el día siguiente será implacablemente otro día. Mi madre apoya el codo derecho en una alta columna y sostiene en la mano izquierda, caída a lo largo del cuerpo, una flor. Mi padre pasa el brazo por la espalda de mi madre y su mano callosa aparece sobre el hombro de ella como un ala. Ambos pisan tímidos una alfombra floreada. La tela que sirve de fondo postizo al retrato muestra unas difusas e incongruentes arquitecturas neoclásicas”. Y terminaba: “Tendría que llegar el día en que contaría estas cosas. Nada de esto tiene importancia a no ser para mí. Un abuelo berebere, llegando del norte de África, otro abuelo pastor de cerdos, una abuela maravillosamente bella, unos padres graves y hermosos, una flor en un retrato ¿qué otra genealogía puede importarme? ¿en qué mejor árbol me apoyaría?”

Escribí estas palabras hace casi treinta años sin otra intención que no fuese reconstituir y registrar instantes de la vida de las personas que me engendraron y que estuvieron más cerca de mí, pensando que no necesitaría explicar nada más para que se supiese de dónde vengo y de qué materiales se hizo la persona que comencé siendo y ésta en que poco a poco me he convertido. Ahora descubro que estaba equivocado, la biología no determina todo y en cuanto a la genética, muy misteriosos habrán sido sus caminos para haber dado una vuelta tan larga. A mi árbol genealógico (perdóneseme la presunción de designarlo así, siendo tan menguada la sustancia de su savia) no le faltaban sólo algunas de aquellas ramas que el tiempo y los sucesivos encuentros de la vida van desgajando del tronco central. También le faltaba quien ayudase a sus raíces a penetrar hasta las capas subterráneas más profundas, quien apurase la consistencia y el sabor de sus frutos, quien ampliase y robusteciese su copa para hacer de ella abrigo de aves migratorias y amparo de nidos. Al pintar a mis padres y a mis abuelos con tintas de literatura, transformándolos de las simples personas de carne y hueso que habían sido, en personajes nuevamente y de otro modo constructores de mi vida, estaba, sin darme cuenta, trazando el camino por donde los personajes que habría de inventar, los otros, los efectivamente literarios, fabricarían y traerían los materiales y las herramientas que, finalmente, en lo bueno y en lo menos bueno, en lo bastante y en lo insuficiente, en lo ganado y en lo perdido, en aquello que es defecto pero también en aquello que es exceso, acabarían haciendo de mí la persona en que hoy me reconozco: creador de esos personajes y al mismo tiempo criatura de ellos. En cierto sentido se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido, sucesivamente, implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero que sin ellos no sería la persona que hoy soy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser.

Ahora soy capaz de ver con claridad quiénes fueron mis maestros de vida, los que más intensamente me enseñaron el duro oficio de vivir, esas decenas de personajes de novela y de teatro que en este momento veo desfilar ante mis ojos, esos hombres y esas mujeres, hechos de papel y de tinta, esa gente que yo creía que iba guiando de acuerdo con mis conveniencias de narrador y obedeciendo a mi voluntad de autor, como títeres articulados cuyas acciones no pudiesen tener más efecto en mí que el peso soportado y la tensión de los hilos con que los movía. De esos maestros el primero fue, sin duda, un mediocre pintor de retratos que designé simplemente por la letra H., protagonista de una historia a la que creo razonable llamar de doble iniciación (la de él, pero también, de algún modo, la del autor del libro, protagonista de una historia titulada “Manual de pintura y caligrafía”, que me enseñó la honradez elemental de reconocer y acatar, sin resentimientos ni frustraciones, sus propios límites: sin poder ni ambicionar aventurarme más allá de mi pequeño terreno de cultivo, me quedaba la posibilidad de cavar hacia el fondo, hacia abajo, hacia las raíces. Las mías, pero también las del mundo, si podía permitirme una ambición tan desmedida. No me compete a mí, claro está, evaluar el mérito del resultado de los esfuerzos realizados, pero creo que es hoy patente que todo mi trabajo, de ahí para adelante, obedeció a ese propósito y a ese principio.

Vinieron después los hombres y las mujeres del Alentejo, aquella misma hermandad de condenados de la tierra a que pertenecieron mi abuelo Jerónimo y mi abuela Josefa, campesinos rudos obligados a alquilar la fuerza de los brazos a cambio de un salario y de condiciones de trabajo que sólo merecerían el nombre de infames. Cobrando por menos que nada una vida a la que los seres cultos y civilizados que nos preciamos de ser llamamos, según las ocasiones, preciosa, sagrada y sublime. Gente popular que conocí, engañada por una Iglesia tan cómplice como beneficiaria del poder del Estado y de los terratenientes latifundistas, gente permanentemente vigilada por la policía, gente, cuántas y cuántas veces, víctima inocente de las arbitrariedades de una justicia falsa. Tres generaciones de una familia de campesinos, los Mal-Tiempo, desde el comienzo del siglo hasta la Revolución de Abril de 1974 que derrumbó la dictadura, pasan por esa novela a la que di el título de Alzado del suelo y fue con tales hombres y mujeres del suelo levantados, personas reales primero, figuras de ficción después, con las que aprendí a ser paciente, a confiar y a entregarme al tiempo, a ese tiempo que simultáneamente nos va construyendo y destruyendo para de nuevo construirnos y otra vez destruirnos. No tengo la seguridad de haber asimilado de manera satisfactoria aquello que la dureza de las experiencias tornó virtud en esas mujeres y en esos hombres: una actitud naturalmente estoica ante la vida. Teniendo en cuenta, sin embargo, que la lección recibida, pasados más de veinte años, permanece intacta en mi memoria, que todos los días la siento presente en mi espíritu como una insistente convocatoria, no he perdido, hasta ahora, la esperanza de llegar a ser un poco más merecedor de la grandeza de los ejemplos de dignidad que me fueron propuestos en la inmensidad de las planicies del Alentejo. El tiempo lo dirá.

¿Qué otras lecciones podría yo recibir de un portugués que vivió en el siglo XVI, que compuso las “Rimas” y las glorias, los naufragios y los desencantos patrios de Os Lusíadas, que fue un genio poético absoluto, el mayor de nuestra literatura, por mucho que eso pese a Fernando Pessoa, que a sí mismo se proclamó como el Súper-Camoens de ella? Ninguna lección a mi alcance, ninguna lección que yo fuese capaz de aprender salvo la más simple que me podría ser ofrecida por el hombre Luis Vaz de Camoens en su más profunda humanidad, por ejemplo, la humildad orgullosa de un autor que va llamando a todas las puertas en busca de quien esté dispuesto a publicar el libro que escribió, sufriendo por eso el desprecio de los ignorantes de sangre y de casta, la indiferencia desdeñosa de un rey y de su compañía de poderosos, el escarnio con que desde siempre el mundo ha recibido la visita de los poetas, de los visionarios y de los locos. Al menos una vez en la vida, todos los autores tuvieron o tendrán que ser Luis de Camoens, aunque no escriban las redondillas de Sôbolos rios. Entre hidalgos de la corte y censores del Santo Oficio, entre los amores de antaño y las desilusiones de la vejez prematura, entre el dolor de escribir y la alegría de haber escrito, fue a este hombre enfermo que regresa pobre de la India, adonde muchos sólo iban para enriquecerse, fue a este soldado ciego de un ojo y golpeado en el alma, fue a este seductor sin fortuna que no volverá nunca más a perturbar los sentidos de las damas de palacio, a quien yo puse a vivir en el teatro en el escenario de la pieza de teatro llamada Que farei con este livro? (¿Qué haré con este libro?), en cuyo final resuena otra pregunta, aquélla que importa verdaderamente, aquélla que nunca sabremos si alguna vez llegará a tener respuesta suficiente: “¿Qué harás con este libro?”. Humildad orgullosa fue ésa de llevar debajo del brazo una obra maestra y verse injustamente rechazado por el mundo. Humildad orgullosa también, y obstinada, esta de querer saber para qué servirán mañana los libros que vamos escribiendo hoy, y luego dudar que consigan perdurar largamente (¿hasta cuándo?) las razones tranquilizadoras que quizá nos estén siendo dadas o que estamos dándonos a nosotros mismos. Nadie se engaña mejor que cuando consiente que lo engañen otros.

Se aproxima ahora un hombre que dejó la mano izquierda en la guerra y una mujer que vino al mundo con el misterioso poder de ver lo que hay detrás de la piel de las personas. Él se llama Baltasar Mateus y tiene el apodo de Siete-Soles, a ella la conocen por Bilmunda, y también por el apodo de Siete-Lunas que le fue añadido después porque está escrito que donde haya un sol habrá una luna y que sólo la presencia conjunta de uno y otro tornará habitable, por el amor, la tierra. Se aproxima también un padre jesuita llamado Bartolmeu que inventó una máquina capaz de subir al cielo y volar sin otro combustible que no sea la voluntad humana, ésa que según se viene diciendo, todo lo puede, aunque no pudo, o no supo, o no quiso, hasta hoy, ser el sol y la luna de la simple bondad o del todavía más simple respeto. Son tres locos portugueses del siglo XVIII en un tiempo y en un país donde florecieron las supersticiones y las hogueras de la Inquisición, donde la vanidad y la megalomanía de un rey hicieron levantar un convento, un palacio y una basílica que asombrarían al mundo exterior, en el caso poco probable de que ese mundo tuviera ojos bastantes para ver a Portugal, tal como sabemos que los tenía Bilmunda para ver lo que escondido estaba. Y también se aproxima una multitud de millares y millares de hombres con las manos sucias y callosas, con el cuerpo exhausto de haber levantado, durante años sin fin, piedra a piedra, los muros implacables del convento, las alas enormes del palacio, las columnas y las pilastras, los aéreos campanarios, la cúpula de la basílica suspendida sobre el vacío. Los sonidos que estamos oyendo son del clavicornio del Doménico Scarlatti, que no sabe si debe reír o llorar. Esta es la historia del Memorial del convento, un libro en que el aprendiz de autor, gracias a lo que le venía siendo enseñado desde el antiguo tiempo de sus abuelos Jerónimo y Josefa, consiguió escribir palabras como éstas, donde no está ausente alguna poesía: “Además de la conversación de las mujeres son los sueños los que sostienen al mundo en su órbita. Pero son también los sueños los que le hacen una corona de lunas, por eso el cielo es el resplandor que hay dentro de la cabeza de los hombres si no es la cabeza de los hombres el propio y único cielo”. Que así sea.

De las lecciones de poesía, sabía ya alguna cosa el adolescente, aprendidas en sus libros de texto cuando, en una escuela de enseñanza profesional de Lisboa, andaba preparándose para el oficio que ejerció en el comienzo de su vida de trabajo: el de mecánico cerrajero. Tuvo también buenos maestros del arte poético en las largas horas nocturnas que pasó en bibliotecas públicas, leyendo al azar de encuentros y de catálogos, sin orientación, sin alguien que le aconsejase, con el mismo asombro creador del navegante que va inventando cada lugar que descubre. Pero fue en la biblioteca de la escuela industrial donde El año de la muerte de Ricardo Reis comenzó a ser escrito. Allí encontró un día el joven aprendiz de cerrajero (tendría entonces 17 años) una revista -Atena era el título- en que había poemas firmados con aquel nombre y, naturalmente, siendo tan mal conocedor de la cartografía literaria de su país, pensó que existía en Portugal un poeta que se llamaba así: Ricardo Reis. No tardó mucho tiempo en saber que el poeta propiamente dicho había sido un tal Fernando Nogueira Pessoa que firmaba poemas con nombres de poetas inexistentes nacidos en su cabeza y a quien llamaba heterónimos, palabra que no constaba en los diccionarios de la época, por eso costó tanto trabajo al aprendiz de las letras saber lo que ella significaba. Aprendió de memoria muchos poemas de Ricardo Reis (“Para ser grande sê inteiro/Põe quanto és no mínimo que fazes”), pero no podía resignarse, a pesar de tan joven e ignorante, a que un espíritu superior hubiese podido concebir, sin remordimiento, este verso cruel: “Sábio é o que se contenta com o espectáculo do mundo”. Mucho, mucho tiempo después, el aprendiz de escritor ya con el pelo blanco y un poco más sabio de sus propias sabidurías se atrevió a escribir una novela para mostrar al poeta de las “Odas” algo de lo que era el espectáculo del mundo en ese año de 1936 en que lo puso a vivir sus últimos días: la ocupación de la Renania por el Ejército nazi, la guerra de Franco contra la República española, la creación por Salazar de las milicias fascistas portuguesas. Fue como si estuviese diciéndole: “He ahí el espectáculo del mundo, mi poeta de las amarguras serenas y del escepticismo elegante. Disfruta, goza, contempla, ya que estar sentado es tu sabiduría”.

El año de la muerte de Ricardo Reis terminaba con unas palabras melancólicas: “Aquí donde el mar acabó y la tierra espera”. Por tanto no habría más descubrimientos para Portugal, sólo como destino una espera infinita de futuros ni siquiera imaginables: el fado de costumbre, la saudade de siempre y poco más. Entonces el aprendiz imaginó que tal vez hubiese una manera de volver a lanzar los barcos al agua, por ejemplo mover la propia tierra y ponerla a navegar mar adentro. Fruto inmediato del resentimiento colectivo portugués por los desdenes históricos de Europa (sería más exacto decir fruto de mi resentimiento personal), la novela que entonces escribí -La balsa de piedra- separó del continente europeo a toda la Península Ibérica, transformándola en una gran isla fluctuante, moviéndose sin remos ni velas, ni hélices, en dirección al Sur del mundo, “masa de piedra y tierra cubierta de ciudades, aldeas, ríos, bosques, fábricas, bosques bravíos, campos cultivados, con su gente y sus animales”, camino de una utopía nueva: el encuentro cultural de los pueblos peninsulares con los pueblos del otro lado del Atlántico, desafiando así, a tanto se atrevió mi estrategia, el dominio sofocante que los Estados Unidos de la América del Norte vienen ejerciendo en aquellos parajes. Una visión dos veces utópica entendería esta ficción política como una metáfora mucho más generosa y humana: que Europa, toda ella, deberá trasladarse hacia el Sur a fin de, en descuento de sus abusos coloniales antiguos y modernos, ayudar a equilibrar el mundo. Es decir Europa finalmente como ética. Los personajes de La balsa de piedra -dos mujeres, tres hombres y un perro- viajan incansablemente a través de la Península mientras ella va surcando el océano. El mundo está cambiando y ellos saben que deben buscar en sí mismos las personas nuevas en que se convertirán (sin olvidar al perro que no es un perro como los otros). Eso les basta.

Se acordó entonces el aprendiz que en tiempos de su vida había hecho algunas revisiones de pruebas de libros y que si en La balsa de piedra hizo, por decirlo así, revisión del futuro, no estaría mal que revisara ahora el pasado inventando una novela que se llamaría História do Cerco de Lisboa, en la que un revisor trabajando un libro del mismo título, aunque de historia, y cansado de ver cómo la citada historia cada vez es menos capaz de sorprender, decidió poner en lugar de un “sí” un “no”, subvirtiendo la autoridad de las “verdades históricas”. Raimundo Silva, así se llamaba el revisor, es un hombre simple, vulgar, que sólo se distingue de la mayoría por creer que todas las cosas tienen su lado visible y su lado invisible y que no sabremos nada de ellas, mientras no les hayamos dado la vuelta completa. De eso precisamente trata una conversación que tiene con el historiador. Así: “Le recuerdo que los revisores ya vieron mucho de literatura y vida. Mi libro, se lo recuerdo, es de historia. No es propósito mío apuntar otras contradicciones, profesor, en mi opinión todo cuanto no sea vida es literatura. La historia también. La historia sobre todo, sin querer ofender. Y la pintura, y la música. La música va resistiéndose desde que nació, unas veces va y otras viene, quiere librarse de la palabra, supongo que por envidia, pero regresa siempre a la obediencia. Y la pintura, mire, la pintura no es más que literatura hecha con pinceles. Espero que no se haya olvidado de que la humanidad comenzó pintando mucho antes de saber escribir. Conoce el refrán, si no tienes perro caza con el gato, o dicho de otra manera, quien no puede escribir, pinta, o dibuja, es lo que hacen los niños. Lo que usted quiere decir, con otras palabras, es que la literatura ya existía antes de haber nacido, sí señor, como el hombre, con otras palabras, antes de serlo ya lo era. Me parece que usted equivocó la vocación, debería ser historiador. Me falta preparación, profesor, qué puede un simple hombre hacer sin preparación, mucha suerte he tenido viniendo al mundo con la genética organizada, pero, por decirlo así, en estado bruto, y después sin más pulimento que las primeras letras que se quedaron como únicas. Podía presentarse como autodidacta producto de su digno esfuerzo, no es ninguna vergüenza, antiguamente la sociedad estaba orgullosa de sus autodidactas. Eso se acabó, vino el desarrollo y se acabó, los autodidactas son vistos con malos ojos, sólo los que escriben versos o historias para distraer están autorizados a ser autodidactas, pero yo para la creación literaria no tengo habilidad. Entonces métase a filósofo. Usted es un humorista, cultiva la ironía, me pregunto cómo se dedicó a la historia, siendo ella tan grave y profunda ciencia. Soy irónico sólo en la vida real. Ya me parecía a mí que la historia no es la vida real, literatura sí, y nada más. Pero la historia fue vida real en el tiempo en que todavía no se le podía llamar historia. Entonces usted cree, profesor, que la historia es la vida real. Lo creo, sí. Que la historia fue vida real, quiero decir. No tengo la menor duda. Qué sería de nosotros si el deleatur que todo lo borra no existiese, suspiró el revisor”. Escusado será añadir que el aprendiz aprendió con Raimundo Silva la lección de la duda. Ya era hora.

Fue probablemente este aprendizaje de la duda el que le llevó, dos años más tarde, a escribir El Evangelio según Jesucristo. Es cierto, y él lo ha dicho, que las palabras del título le surgieron por efecto de una ilusión óptica, pero es legítimo que nos interroguemos si no habría sido el sereno ejemplo del revisor el que, en ese tiempo, le anduvo preparando el terreno de donde habría de brotar la nueva novela. Esta vez no se trataba de mirar por detrás de las páginas del Nuevo Testamento a la búsqueda de contradicciones, sino de iluminar con una luz rasante la superficie de esas páginas, como se hace con una pintura para resaltarle los relieves, las señales de paso, la oscuridad de las depresiones. Fue así como el aprendiz, ahora rodeado de personajes evangélicos, leyó, como si fuese la primera vez, la descripción de la matanza de los Inocentes y, habiendo leído, no comprendió. No comprendió que pudiese haber mártires de una religión que aún tendría que esperar treinta años para que su fundador pronunciase la primera palabra de ella, no comprendió que no hubiese salvado la vida de los niños de Belén precisamente la única persona que lo podría haber hecho, no comprendió la ausencia, en José, de un sentimiento mínimo de responsabilidad, de remordimiento, de culpa o siquiera de curiosidad, después de volver de Egipto con su familia. Ni se podrá argumentar en defensa de la causa que fue necesario que los niños de Belén murieran para que pudiese salvarse la vida de Jesús: El simple sentido común, que a todas las cosas, tanto a las humanas como a las divinas, debería presidir, está ahí para recordarnos que Dios no enviaría a su hijo a la Tierra con el encargo de redimir los pecados de la humanidad, para que muriera a los dos años de edad degollado por un soldado de Herodes. En ese Evangelio escrito por el aprendiz con el respeto que merecen los grandes dramas, José será consciente de su culpa, aceptará el remordimiento en castigo de la falta que cometió y se dejará conducir a la muerte casi sin resistencia, como si eso le faltase todavía para liquidar sus cuenta con el mundo. El Evangelio del aprendiz no es, por tanto, una leyenda edificante más de bienaventurados y de dioses, sino la historia de unos cuantos seres humanos sujetos a un poder contra el cual luchan, pero al que no pueden vencer. Jesús, que heredará las sandalias con las que su padre había pisado el polvo de los caminos de la tierra, también heredará de él el sentimiento trágico de la responsabilidad y de ella la culpa que nunca lo abandonará, incluso cuando levante la voz desde lo alto de la cruz: “Hombres, perdónenlo, porque él no sabe lo que hizo”, refiriéndose al Dios que lo llevó hasta allí, aunque quien sabe si recordando todavía, en esa última agonía, a su padre auténtico, aquel que en la carne y en la sangre, humanamente, lo engendró. Como se ve, el aprendiz ya había hecho un largo viaje cuando en el herético evangelio escribió las últimas palabras del diálogo en el templo entre Jesús y el escriba: “La culpa es un lobo que se come al hijo después de haber devorado al padre, dijo el escriba, Ese lobo de que hablas ya se ha comido a mi padre, dijo Jesús, Entonces sólo falta que te devore a ti, Y tú, en tu vida, fuiste comido, o devorado, No sólo comido y devorado, también vomitado, respondió el escriba”.

Si el emperador Carlomagno no hubiese establecido en el norte de Alemania un monasterio, si ese monasterio no hubiese dado origen a la ciudad de Münster, si Münster no hubiese querido celebrar los 1200 años de su fundación con una ópera sobre la pavorosa guerra que enfrentó en el siglo XVI a protestantes anabaptistas y católicos, el aprendiz no habría escrito la pieza de teatro que tituló In Nomine Dei. Una vez más, sin otro auxilio que la pequeña luz de su razón, el aprendiz tuvo que penetrar en el oscuro laberinto de las creencias religiosas, ésas que con tanta facilidad llevan a los seres humanos a matar y a dejarse matar. Y lo que vio fue nuevamente la máscara horrenda de la intolerancia, una intolerancia que en Münster alcanzó el paroxismo demencial, una intolerancia que insultaba la propia causa que ambas partes proclamaban defender. Porque no se trataba de una guerra en nombre de dos dioses enemigos sino de una guerra en nombre de un mismo dios. Ciegos por sus propias creencias, los anabaptistas y los católicos de Münster no fueron capaces de comprender la más clara de todas las evidencias: en el día del Juicio Final, cuando unos y otros se presenten a recibir el premio o el castigo que merecieron sus acciones en la tierra, Dios, si en sus decisiones se rige por algo parecido a la lógica humana, tendrá que recibir en el paraíso tanto a unos como a otros, por la simple razón de que unos y otros en Él creían. La terrible carnicería de Münster enseñó al aprendiz que al contrario de lo que prometieron las religiones nunca sirvieron para aproximar a los hombres y que la más absurda de todas las guerras es una guerra religiosa, teniendo en consideración que Dios no puede, aunque lo quisiese, declararse la guerra a sí mismo…

Ciegos. El aprendiz pensó “Estamos ciegos”, y se sentó a escribir el Ensayo sobre la ceguera para recordar a quien lo leyera que usamos perversamente la razón cuando humillamos la vida, que la dignidad del ser humano es insultada todos los días por los poderosos de nuestro mundo, que la mentira universal ocupó el lugar de las verdades plurales, que el hombre dejó de respetarse a sí mismo cuando perdió el respeto que debía a su semejante. Después el aprendiz, como si intentara exorcizar a los monstruos engendrados por la ceguera de la razón, se puso a escribir la más simple de todas las historias: Una persona que busca a otra persona sólo porque ha comprendido que la vida no tiene nada más importante que pedir a un ser humano. El libro se llama Todos los nombres. No escritos, todos nuestros nombres están allí. Los nombres de los vivos y los nombres de los muertos.

Termino. La voz que leyó estas páginas quiso ser el eco de las voces conjuntas de mis personajes. No tengo, pensándolo bien, más voz que la voz que ellos tuvieron. Perdónenme si les pareció poco esto que para mí es todo.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado: | Deja un Comentario »

El Mundo segun Casciari

Publicado por zeptymuz352 en Noviembre 11, 2008

El Mundo segun Casciari

Octubre 22, 2008 by barrastruces

El autor es argentino, actualmente corresponsal de EL PAÍS de España. Esta es su interpretación de la relación entre países. Para compartir.

Por Hernán Casciari.

Leí una vez que la Argentina no es mejor ni peor que España, sólo más joven. Me gustó esa teoría y entonces inventé un truco para descubrir la edad de los países basándome en el ’sistema perro’.

Desde chicos nos explicaron que para saber si un perro era joven o viejo había que multiplicar su edad biológica por 7. En el caso de los países hay que dividir su edad histórica entre 14 para saber su correspondencia humana. ¿Confuso?

En este artículo pongo algunos ejemplos reveladores.

Argentina nació en 1816, por lo tanto ya tiene 190 años. Si lo dividimos entre 14, Argentina tiene ‘humanamente’ alrededor de 13 años y medio, o sea, está en la edad del pavo.

Es rebelde, pajera, no tiene memoria, contesta sin pensar y está llena de acné (¿será por eso que le dicen el granero del mundo?

Casi todos los países de América Latina tienen la misma edad y, como pasa siempre en esos casos, forman pandillas.

La pandilla del Mercosur son cuatro adolescentes que tienen un conjunto de rock. Ensayan en un garaje, hacen mucho ruido y jamás han sacado un disco.

Venezuela, que ya tiene tetitas, está a punto de unirse a ellos para hacer los coros. En realidad, como la mayoría de las chicas de su edad, quiere tener sexo, en este caso con Brasil, que tiene 14 años y el miembro grande.

México también es adolescente, pero con ascendente indígena. Por eso se ríe poco y no fuma ni un inofensivo porro, como el resto de sus amiguitos, sino que mastica peyote, y se junta con Estados Unidos, un retrasado mental de 17, que se dedica a atacar a los chicos hambrientos de 6 añitos en otros continentes.

En el otro extremo está la China milenaria. Si dividimos sus 1,200 años por 14 obtenemos una señora de 85, conservadora, con olor a pipí de gato, que se la pasa comiendo arroz porque no tiene -por ahora- para comprarse una dentadura postiza. La China tiene un nieto de 8 años, Taiwán, que le hace la vida imposible.

Está divorciada desde hace rato de Japón, un viejo cascarrabias, que se juntó con Filipinas, una jovencita pendeja, que siempre está dispuesta a cualquier aberración a cambio de dinero.

Después, están los países que acaban de cumplir la mayoría de edad y salen a pasear en el BMW del padre. Por ejemplo, Australia y Canadá, típicos países que crecieron al amparo de papá Inglaterra y mamá Francia, con una educación estricta y concheta, y que ahora se hacen los locos. Australia es una pendeja de poco más de 18 años, que hace topless y tiene sexo con Sudáfrica; mientras que Canadá es un chico gay emancipado, que en cualquier momento adopta al bebé Groenlandia para formar una de esas familias alternativas que están de moda.

Francia es una separada de 36 años, más puta que las gallinas, pero muy respetada en el ámbito profesional. Tiene un hijo de apenas 6 años: Mónaco, que va camino de ser puto o bailarín… o ambas cosas. Es amante esporádica de Alemania, camionero rico que está casado con Austria, que sabe que es cornuda, pero no le importa.

Italia es viuda desde hace mucho tiempo. Vive cuidando a San Marino y al Vaticano, dos hijos católicos idénticos a los mellizos de los Flanders. Estuvo casada en segundas nupcias con Alemania (duraron poco: tuvieron a Suiza), pero ahora no quiere saber nada con los hombres.

A Italia le gustaría ser una mujer como Bélgica: abogada, independiente, que usa pantalón y habla de política de tú a tú con los hombres (Bélgica también fantasea a veces con saber preparar espaguettis).

España es la mujer más linda de Europa (posiblemente Francia le haga sombra, pero pierde espontaneidad por usar tanto perfume).. Anda mucho en tetas y va casi siempre borracha. Generalmente se deja follar por Inglaterra y Después hace la denuncia.

España tiene hijos por todas partes (casi todos de 13 años), que viven lejos. Los quiere mucho, pero le molesta que, cuando tienen hambre, pasen una temporada en su casa y le abran la nevera.

Otro que tiene hijos desperdigados es Inglaterra. Sale en barco por la noche, se tira a las pendejas y a los nueve meses aparece una isla nueva en alguna parte del mundo. Pero no se desentiende de ella. En general las islas viven con la madre, pero Inglaterra les da de comer. Escocia e Irlanda, los hermanos de Inglaterra que viven en el piso de arriba, se pasan la vida borrachos y ni siquiera saben jugar al fútbol. Son la vergüenza de la familia.

Suecia y Noruega son dos lesbianas de casi 40 años, que están buenas de cuerpo, a pesar de la edad, pero no le dan bola a nadie. Cojen y trabajan, pues son licenciadas en algo. A veces hacen trío con Holanda (cuando necesitan porro); otras, le histeriquean a Finlandia, que es un tipo medio andrógino de 30 años, que vive solo en un ático sin amueblar y se la pasa hablando por el móvil con Corea.

Corea (la del sur) vive pendiente de su hermana esquizoide. Son mellizas, pero la del norte tomó líquido amniótico cuando salió del útero y quedó estúpida. Se pasó la infancia usando pistolas y ahora, que vive sola, es capaz de cualquier cosa.

Estados Unidos, el retrasadito de 17, la vigila mucho, no por miedo, sino porque le quiere quitar sus pistolas.

Israel es un intelectual de 62 años que tuvo una vida de mierda. Hace unos años, Alemania, el camionero, no lo vio y se lo llevó por delante. Desde ese día Israel se puso como loco.

Ahora, en vez de leer libros, se lo pasa en la terraza tirándole piedras a Palestina, que es una chica que está lavando la ropa en la casa de al lado.

Irán e Irak eran dos primos de 16 que robaban motos y vendían los repuestos, hasta que un día le robaron un repuesto a la motoneta de Estados Unidos y se les acabó el negocio. Ahora se están comiendo los mocos.

El mundo estaba bien así, hasta que un día Rusia se juntó (sin casarse) con la Perestroika y tuvieron como docena y media de hijos. Todos raros, algunos mongólicos, otros esquizofrénicos.

Hace una semana, y gracias a un despelote con tiros y muertos, los habitantes serios del mundo descubrimos que hay un país que se llama Kabardino-Balkaria. Un país con bandera, presidente, himno, flora, fauna….y ¡hasta gente!

A mí me da un poco de miedo que aparezcan países de corta edad, así, de repente. Que nos enteremos de costado y que, incluso, tengamos que poner cara de que ya sabíamos, para no quedar como ignorantes Y yo me pregunto:

¿Por qué siguen naciendo países, si los que hay todavía No funcionan?

Publicado en Uncategorized | Etiquetado: | 2 Comentarios »